Con la presencia de un grupo de parroquianos satauteños, en la tarde-noche del jueves, 28 de noviembre se celebró en el salón de actos de Las Nazarenas, en el barrio de Vegueta, en Las Palmas de Gran Canaria una mesa redonda en la que se conmemoró el 20 aniversario de Sínodo Diocesano. Organizada por el Instituto Superior de Teología de las Islas Canarias (ISTIC), que dirige nuestro párroco D. Juan Jesús García Morales, allí nos reunimos un nutrido grupo de personas que recordamos, no sin poca nostalgia, aquellos días en los que casi mil personas, entre curas, seglares y religiosos, hablamos de la situación de las iglesia canaria, precisamente bajo los aires renovadores del Concilio Ecuménico Vaticano II.
En la mesa
redonda participaron personas que vivieron aquel Sínodo Diocesano como una gran
esperanza para la Diócesis de Canarias. Se recordó al “culpable” de aquella
iniciativa, el entonces Mons. Ramón Echarren y lo que supuso para las islas de
Gran Canaria, Fuerteventura, Lanzarote y La Graciosa. Moderada por el sacerdote
Segundo Díaz y presidida por nuestro actual Obispo, D. Francisco Cases que
quiso unirse al acto, allí se habló de
lo importante que fue el Sínodo Diocesano. “Hoy tomamos conciencia de que
el Sínodo del 92 fue la aplicación en
nuestra islas del Vaticano II”, señaló
Segundo Díaz quien agregó que “hacemos memoria juntos, con el perfume del
agradecimiento a Dios por aquel don sinodal”.
Entre los ponentes se encontraba el Rector del Seminario Diocesano, Salvador Santana quien señaló que el Sínodo fue una experiencia eclesial inmensa. “Fue un trabajo hermoso, profundo y lleno de esperanza para todos”, comenzó diciendo Salvador Santana. “Cuestiones como la Comunión, la corresponsabilidad, la Iglesia carismática y la identidad y misión del laico fueron algunas pautas del Sínodo que marcaron el futuro de esta Iglesia local”, añadió. Fue una puesta al día en la Palabra, la Liturgia y la Caridad”. El Rector del Seminario nos hablo también del antes y del después de una cita eclesial que benefició a todos los sectores de la iglesia insular oriental. Por su parte el que fuera Secretario General del IX Sínodo Diocesano, Luis Laborda, desplazado expresamente para este acto desde Baracaldo donde actualmente desarrolla su labor Pastoral, se mostró emocionado al rememorar los hechos que rodearon a una convocatoria tan minuciosa y cariñosamente preparada por todos los sectores de la Diócesis de Canarias. “Sin la aportación de los participantes en él, no sería posible la experiencia sinodal del 92” comenzó diciendo Laborda quien se referiría a distintos acontecimientos de la intrahistoria del Sínodo que pasó por sus vicisitudes internas. Resaltó la participación de todos los arciprestazgos y parroquias en una tarea común de interés general, resaltando las reuniones con representantes de otras confesiones cristianas. “Respeto, serenidad y observación del Reglamento fueron claves para el éxito del Sínodo”.
Intervinieron a continuación el Vicario General de la Diócesis de Canarias, Hipólito Cabrera y el seglar Pedro Bolaños. Mientras el primero recordó el gran trabajo de Echarren, y los principales logros pastorales del Sínodo, Bolaños habló del sentimiento de esperanza que supuso este acontecimiento religioso para todos.
Nuestro obispo, D. Francisco Cases, se refirió al IX Sínodo Diocesano como hecho importante en la Iglesia canaria, acontecimiento que no vivió personalmente, dadas sus responsabilidades entonces en la región levantina. “Sin duda alguna el Sínodo fue una experiencia de comunión, como lo había sido el Vaticano II, una experiencia viva que nos dejaron unos documentos que aún hoy vemos con esperanza para todos”, señaló D. Francisco Cases quien resaltó cinco realidades de aquella experiencia sinodal: evangelización, comunión, jóvenes, familias y pobres.
El resto de los intervinientes expusieron su experiencia personal de este acontecimiento sinodal. Simón Pérez afirmó que D. Ramón Echarren tenía claro dos cosas: había que partir de la realidad social de las islas, y la importancia de la participación del Pueblo de Dios en esta experiencia. “En un clima de libertad, se vivió un ambiente general de ilusión y optimismo”. Eduardo García Berenguer, hombre de Cáritas Diocesana por aquel entonces, se refirió al escenario social de la Canarias de la época afirmando que “hoy se necesitan más compromisos de compasión hacia los más débiles, por la situación actual”. Finalmente Juan Luis Barragán, un miembro de la Iglesia de La Isleta, recordó que el Sínodo fue un encuentro gozoso para todos los creyentes de la Diócesis, resaltando la vivencia de la Liturgia como algo fundamental en la experiencia de fe.
La mesa
redonda se cerró con intervenciones de los presentes en el acto apoyando por
supuesto el tema de la idea de Misión que supuso el Sínodo Diocesano así como
la Pastoral familiar y lo relacionado con la caridad (atención a los pobres y
la presencia pública de los creyentes). Cerró el acto el Director del ISTIC,
Juan Jesús García Morales agradeciendo
la presencia de los ponentes en la mesa redonda así como la numerosa presencia
de los presentes.
Más fotos en www.diocesisdecanarias.org


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