Por Sebastián Sarmiento Domínguez
---------------------------------------------
---------------------------------------------
En los últimos meses no ha habido tertulia que se precie o revista de investigación donde no se haya
tocado los vaticinios mayas y la
posibilidad de que el mundo, este “perro mundo”, se vaya a hacer gárgaras este
viernes, 21 de diciembre. Los más agoreros anuncian el fin del mundo o algo
parecido para ese día sin pararse a pensar que este universo, este sistema
planetario en el que nos movemos por el espacio infinito aun tiene cuerda para
rato. Mucho se ha escrito sobre las profecías mayas y sobre ese anunciado
y presunto apocalipsis que se nos viene
encima…Nada más lejos de la realidad.
Yo, por si ustedes no lo sabían seguiré viviendo como si tal cosa, trabajando y
proyectando mi vida más allá de ese
fatídico 21 de diciembre. Ni me preocupan ni me quitan el sueño esos anuncios que ya los propios
científicos se han ocupado en desmentir o “quitarle hierro”.
Según la literatura al uso, en el fenómeno del 2012 hay
apocalipsis para todos los gustos. Unos dicen que un gran asteroide chocará con
la Tierra; otros, que será un misterioso planeta el que impactará sobre la
corteza terrestre. Curiosamente ninguno de ellos ha sido detectado por los
grandes astrónomos de nuestro tiempo. Y desgraciadamente, el Observatorio que
proyecta el Cabildo grancanario en El Garañón, llega tarde… El fenómeno 2012 de
los mayas es una creencia escatológica que sostiene que el día del solsticio de
diciembre del presente año ocurrirá el fin del mundo. Como saben todos ustedes,
el solsticio tendrá lugar este viernes, 21 de diciembre, a las 11:11 UTC (tiempo universal coordinado). Esta
creencia se basa en que ese día-el próximo viernes- se termina el calendario maya
de la cuenta larga (uno de sus calendarios), de 5.125 años de duración.
En ese sentido algunos
pensadores más actuales plantean que los habitantes de la Tierra
experimentarían una transformación
física y/o espiritual positiva, que
marcaría el comienzo de una nueva era. Otros, más negativos, sugieren que la
fecha marca el fin del mundo o de una catástrofe similar. Todos los escenarios ya reseñados
para ese fin del mundo incluyen una colisión de la Tierra con algún objeto externo como pudiera ser un planeta (dan
hasta el nombre, el Nibiru), un asteroide errante, un agujero negro o una gran
actividad solar.
En suma, que los astrónomos y los científicos han rechazado
los pronósticos apocalípticos como pseudociencia, afirmando que los eventos
anunciados se contradicen con las más simples observaciones astronómicas. Tal es así que la NASA ha
comparado los temores del 2012 con el temor al fin del mundo surgido el 31 de diciembre del 999 y el 31 de diciembre de 1999.
Según hemos podido leer en algunas revistas científicas, el
historiador de la UNAM, Erik Velásquez explicó que “la profecía maya del 2012”
surgió en la década de los 70 del siglo pasado, cuando el escritor Frank
Waters escribió un texto con una “mezcolanza de creencias”.
El astrofísico, Jesús Galindo, por su parte ha aclarado que aunque los mayas
fueron grandes astrónomos, ni ellos “ni la ciencia actual estarían en
posibilidades de plantear un “fin del mundo”. Este científico insistió en
que es imposible tratar de pronosticar
que un cometa “extermine” a la Humanidad,
“pues es un evento que no se puede
predecir con exactitud”. Sea lo que
fuere, los expertos concluyen que todas las versiones sobre un hipotético fin
del mundo son rumores y leyendas que sacan de contexto la visión de las
antiguas culturas, como la maya. Estos mismos expertos piensan que ese fenómeno
es parte de la necesidad de creer de mucha gente como consecuencia de la
inestabilidad política y económica o por
el cambio climático.
Esta última reflexión me ha hecho pensar en que en tiempos
de crisis profunda, como la que atraviesa parte de la Humanidad, es lógico que
surjan temores del futuro de esta civilización que se “acongoja” por cualquier
acontecimiento negativo que surja. En este “climax” surgen los oportunistas que
venden su alma al diablo para engañar a
los más crédulos y “sacar tajada” de
unas “profecías” que no precisan nada en concreto. Los hay
tan ingenuos que han vendido sus propiedades y se han retirado, junto a
sus familias o personas que piensan como ellos, a una isla del Pacifico para
recibir la fecha del 21 de diciembre, alejados de
las grandes ciudades, y vivir
“sus últimos días” a lo grande. Entre los crédulos y damnificados por estas
historias podríamos situar también a la madre del joven asesino de Connecticut,
en Estados Unidos, que asimismo se estaba “preparando” para el anunciado fin
del mundo. Esta mujer, al parecer profesora del Colegio Sandy Hook, donde
ocurrió la matanza, reunía en su casa hasta cinco armas y alimentos para
enfrentarse a un terrible desastre que
traería violencia y el caos social. El
periódico norteamericano “The Telegraph” informó que esta mujer, separada, vivía obsesionada con el
fin del mundo, y pertenecía al movimiento “preparacionista” o “survivalista”…
Es cierto que desde hace unos años a esta parte están
ocurriendo desgracias por todo el planeta, desgracias de toda índole, que pudieran hacer pensar en un fin
de todo lo que nos rodea. El cambio climático, con las catástrofes naturales
que se han registrado en todos los continentes (inundaciones, seísmos, guerras,
luchas de pueblos y civilizaciones entre sí, etc etc) pudiera hacernos pensar
que estamos en un cambio de ciclo.
Lo que si esperamos a partir de este cambio de estaciones,
tras el 21 de diciembre del 2012, es que haya un cambio de mentalidad en la
Humanidad del siglo XXI. Un “tsunami”
espiritual para que los hombres y las mujeres de nuestro tiempo cambien
a ese hombre nuevo del que nos habla
el Apocalipsis del evangelista Juan. Que aparezca esa tierra nueva, esa civilización de la solidaridad, que haga surgir
en el interior de nuestras conciencias
ese hombre o esa mujer que piense
más en los menos favorecidos de la sociedad, y que los sistemas políticos sean menos egoístas y trabajen más por una
sociedad más justa. Ese sería, a nuestro
juicio, el fin del mundo pronosticado por la civilización maya, y que en el
2013- otro año de incertidumbre por los números- haya más humanidad y más
comprensión de los unos hacia los otros. Así los efectos de esta grave crisis
económica- más cruda que las del 29 del pasado siglo- serían más llevaderos por
todos. Ese mundo egoísta e insensible es
el que querremos que desparezca, a
partir de este fatídico 21 de diciembre
del 2012.

No hay comentarios:
Publicar un comentario